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Después de un mal día, somos muchos los que buscamos consuelo, por ejemplo, yendo de compras, comiendo nuestro postre favorito o saliendo con amigos.

No obstante, un nuevo estudio publicado hace unos días en la revista estadounidense Emotion sugiere que los regalitos que nos hacemos a nosotros mismos apenas nos suben el ánimo.

Lo que sí lo hace, en cambio, son los actos de generosidad dirigidos a los demás. Esos gestos amables hacen que nos sintamos mejor, explica la doctora Katherine Nelson, experta en Psicología de la Universidad del Sur de Sewanee (Tennessee, Estados Unidos) y principal autora del estudio.

Cuando sólo nos ocupamos de nosotros, no constatamos ninguna mejora de las emociones.
"Me esperaba unos resultados que mostraran que los comportamientos prosociales llevan a la gente a sentir más emociones positivas y, por tanto, a sentirse más realizados", añade. "Sin embargo, me sorprendió ver que cuando sólo nos ocupamos de nosotros, no constatamos ninguna mejora de las emociones positivas o negativas, ni plenitud psicológica. Me parece importante, porque a menudo se anima a la gente a‘darse pequeños caprichos para sentirse mejor, pero nuestros resultados sugieren que lo mejor que podemos hacer es complacer a alguien".

En el estudio participaron 473 voluntarios divididos en cuatro grupos, que tenían que cumplir diferentes tareas en un período de seis semanas. El primero tenía que hacer algo por mejorar el mundo, como por ejemplo, recoger basura. El segundo grupo debía mostrarse atento con otras personas: pagar un café a un amigo, ayudar a un familiar a preparar la cena, etcétera. El tercero tenía que darse un capricho, por ejemplo, cogiéndose un día de vacaciones. El cuarto y último servía de testigo y no cambió nada de su día a día.

Los participantes rellenaron un cuestionario antes y después del estudio para evaluar su nivel de bienestar psicológico, afectivo y social. A lo largo del estudio, también anotaron sus propias emociones positivas y negativas.

Los participantes que habían sido más atentos, ya fuera con alguien en concreto o con el mundo en general, notaron una mejora en su ánimo.
Los investigadores revelaron que los participantes que habían sido más atentos, ya fuera con alguien en concreto o con el mundo en general, notaron una mejora en su ánimo en una mayor proporción que los que habían tenido un comportamiento neutro o centrado en sí mismos.

Por otro lado, las personas que sólo tenían que preocuparse de sí mismas no notaron mejora en su bienestar ni ninguna emoción positiva.

"Hacer algo por los demás permite sentir más emociones positivas, como alegría, satisfacción y amor", indica la doctora Nelson. "La gente, al mostrarse atenta con los demás, suele sentirse mejor mentalmente. Por eso cultivamos las relaciones sociales o nos sentimos valorados cuando realizamos una buena acción".

Varios estudios anteriores demostraron que las pequeñas atenciones pueden contribuir no sólo a nuestra salud mental, sino también a nuestro bienestar físico. Algunos apuntan que una actitud altruista puede reducir la tensión arterial y el nivel de estrés.

El doctor Dacher Keltner, profesor de Psicología de la Universidad de California en Berkeley, que no participaba en este nuevo estudio, explica que estos gestos atentos activan la secreción de dopamina (un neurotransmisor que provoca euforia) en el cerebro, dándonos así la impresión de contribuir al bienestar general.

"Este estudio es realmente importante", concluye el doctor Keltner, autor de The Power Paradox: How We Gain and Lose Influence [La paradoja del poder: cómo ganamos y perdemos influencia], "pues se añade a los que indican que el hecho de concentrarse en el bienestar de los demás mejora nuestro propio estado, al contrario del mito que dice que para llevar una buena vida es necesario centrarse en uno mismo".

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido por Marina Velasco Serrano.

 

Artículo publicado en Huffington Post  |  Escrito por Jacqueline Howard |  25 mayo 2016 |  http://www.huffingtonpost.es/2016/05/20/ser-mas-feliz_n_9870208.html?utm_hp_ref=es-ciencia-y-tecnologia

Cuando crees haber hallado la respuesta a una de las grandes preguntas, viene alguien y lo pone todo patas arriba. Y esto, que a priori podría parecer una mala noticia, puede que te lleve a ser más feliz.
Pero permítanme que, para que ustedes me entiendan mejor, como en tantas otras ocasiones, les cuente una historia.

DE MAYOR QUIERO SER FELIZ

Fue en una de éstas que yo, habiendo creído encontrar el sentido de mi vida, de mis actos pasados y de mis deseos futuros, le espeté con total convicción a una persona muy cercana: me gustaría llegar a ser un tipo sabio, a poder ser, un filósofo de la ciencia. Soy consciente de que esto les puede sonar un tanto extraño, pero no me juzguen, al fin y al cabo, tal vez así seamos todos: únicos y un tanto extraños. En mi caso, la convicción se basaba en un sucesión de cosas: una intuición (desde pequeño me interesé por las preguntas que el profesor raramente respondía), en la experimentación (científica y no científica) y en los años de estudio y reflexión (lectura, escritura y discusión con personas diversas). Así sucedió que, pocos días después de mi supuesta 'revelación', en un ataque de terrible y desdeñable vehemencia, se me ocurrió preguntarle a mi sobrino de doce años lo que él quería ser de mayor. La respuesta fue escueta, pero reveladora: yo de mayor quiero ser feliz.

"De mayor quiero ser feliz" Jan, 12 años.
¡Toma ya, cuánta sabiduría en tan pocas palabras! Porque, para ser sinceros, el conocimiento, el pensamiento, la ciencia, el arte o la introspección, son elementos que pueden resultar enriquecedores pero, ¿qué valor tiene todo esto comparado con ser feliz? 
Y entonces me acordé otra vez de Oliver Sacks, ese inmenso científico y escritor, que nos dejó una de las más bellas cartas de despedida, poco antes de morir. En ella Sacks contaba: "el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito".

Pues bien, las palabras de Oliver Sacks parece que coinciden con lo que nos dicen algunos estudios científicos: la felicidad no consiste en acumular cosas, sino más bien experiencias. Y esto coincide también, con los que les explicaba en otro artículo: muchas personas a punto de morir de lo que se arrepienten es no haber intentado ser más felices, de no haber dedicado más tiempo a lo que les gustaba, de no haber perseguido más sus sueños. Parece que Sacks sí persiguió los suyos y estaba agradecido a la vida. Precisamente, estudios recientes sugieren que las personas que son agradecidas, son también más felices.
Lo que yo me cuestiono aquí es: ¿puede la ciencia realmente decirnos dónde se encuentran las claves de la felicidad?

"He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito"


LA CIENCIA DE LA FELICIDAD

Aunque existen un buen número de artículos científicos, periodísticos y de libros al respecto, para serles sincero, creo que las informaciones que nos llegan de la ciencia acerca de las fuentes y las formas de la felicidad podrían ser, cuanto menos, discutibles. Muchas veces, incluso aparentemente contradictorias. Por ejemplo, mientras algunos estudios nos dicen que el sexo nos hace más felices, otros que tener demasiado sexo en pareja nos provoca, en realidad, desdicha. Pese a todo, no pocos científicos se aventuran a tratar de hallar el secreto de la felicidad, algunos incluso a escribir una fórmula matemática para cuantificarla. Sin embargo, para dar cierto valor a todos estos trabajos, probablemente lo primero que habría que hacer es definir lo que es la felicidad, cuestión que incluso para la ciencia, puede resultar un tanto difícil.

Por consiguiente, no voy a ser yo el que trate hoy de explicarles hoy todo lo que la ciencia nos puede decir sobre la felicidad, como les contaba antes, eso ya lo han intentado otros. Mi objetivo es distinto, es tratar de ver qué tienen en común la felicidad y esa pregunta que les comentaba antes: ¿Qué quieres ser de mayor?

Y para ello, necesito primero entender mejor dónde y cuándo reside la felicidad: ¿en el presente, en el pasado o en el futuro?

CUÁNDO Y DÓNDE RESIDE LA FELICIDAD

Por supuesto, muchos de ustedes pensarán que la felicidad solo puede ser cosa del presente: vivimos y disfrutamos el momento, carpe diem. ¿Pero es esto de verdad así? ¿A quién no se le ha escapado una sonrisa al recordar uno de los buenos momentos pasados? ¿Y quién no se ha sentido feliz alguna vez al imaginarse ciertos acontecimientos futuros?

Según el premio Nobel Daniel Kahneman, conviven en nosotros varios 'yo', cada uno de ellos feliz a su manera. Kahneman los denomina el 'yo de ahora' y el 'yo que tiene experiencias'. Mientras el primero siente felicidad por las cosas que disfruta en el momento, el 'yo que tiene experiencias' lo que busca es vivir cosas que, aunque no le apetezcan especialmente en ese momento concreto, sabe que le van a reportar recuerdos que podrá recordar felizmente, en el futuro. O sea que, una posible interpretación sería: la felicidad vive, a la vez, en el pasado, en el presente y en el futuro.

Y esta conclusión puede darnos una posible respuesta a la pregunta a la que estoy dando vueltas desde el principio de este artículo: ¿qué quieres ser de mayor?

 

Cada uno lo podrá interpretar como quiera, para mí la respuesta de un chico de doce años podría dar en el clavo: de mayor quiero ser feliz. Y me atrevo a aventurar que ésa es la respuesta que solo puede dar alguien que conoce la felicidad, alguien que la ha sentido en el pasado. Pero más aún, es la respuesta inteligente de alguien que es consciente de que la felicidad del ahora, puede ser también la del futuro.

CONCLUSIONES SOBRE ESO QUE LLAMAMOS FELICIDAD

Tal vez la ciencia nos vaya ayudando a entender, cada vez mejor, qué es la felicidad y en que momento reside. Pero, en cualquier caso, asumiendo que existe el libre albedrío, seguirá dependiendo de nosotros el intentar buscarla.

Cada uno puede y, tal vez incluso debe, tener sus propios sueños. Ignoro cuáles son los suyos. Como les contaba antes, el mío es ser llegar a ser algún día un poco sabio, ojalá, un filósofo de la ciencia. El ejemplo de un chico de doce años llamado Jan me lleva a pensar que hay sabios de la felicidad que no necesitan conocer la ciencia que se esconde tras ella. Y las palabras de un anciano Oliver Sacks me llevan a pensar que el estar agradecido a la vida, cuando estamos a punto de abandonarla, puede ser un claro síntoma de una vida plena, feliz.

Por todo esto, gracias a la sabiduría de un chico y de un abuelo, ahora entiendo un poco mejor lo que de verdad quiero llegar a ser en el futuro. Yo de mayor también quiero ser feliz.

Nota: dedico este artículo a todos mis sobrinos pero, muy especialmente, a Aniol. Porque, aunque ya no esté entre nosotros, le llevo siempre conmigo. Y porque gracias a él, ahora soy una persona mucho más valiente.

Gracias también, un vez más, a Aleix Ruiz-Falqués por las correcciones y comentarios.

Artículo escrito por Guillermo Orts-Gil |  | 27 agosto 2015 | http://www.abc.es/ciencia/20150827/abci-neuroticismo-creatividad-personalidad-201508271754.html

Newton o Darwin pensaban constantemente en sus preocupaciones, un "mal" hábito que potenció su creatividad.

Paul Watzlawick, en su ingeniosa “historia del martillo” mostraba cómo nuestra imaginación puede hacernos ver amenazas donde no las hay. Este psicólogo norteamericano de origen austriaco, uno de los mayores expertos en comunicación, explicaba cómo pensar en exceso con un sesgo negativo, lo que en el argot psicológico se denomina “rumiar”, puede amargarnos la vida.

Es precisamente lo que le pasaba al protagonista de su historia, un hombre que necesitaba un martillo para colgar un clavo y decidió pedírselo a su vecino. Pero en el camino dejó libre su pesimista imaginación y fue desgranado motivos por los que el vecino no querría prestarle la herramienta que necesitaba. Y como los pensamientos dirigen nuestros sentimientos, cuando el dueño de la casa de al lado abrió la puerta, se encontró una persona enfurecida que sin venir a cuento le gritó furioso: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”.

Esta forma de pensar está en la base del neuroticismo, un rasgo de personalidad que se caracteriza por inestabilidad emocional y que vuelve a quienes lo experimentan más susceptibles a padecer alteraciones como depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático. Y, como mente y cuerpo van de la mano, parece que también se asocia con un mayor riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular (por el estrés continuo que genera esa forma de ver la vida), así como problemas dermatológicos (piel y cerebro tienen el mismo origen embrionario), respiratorios y gastrointestinales.

No cabe duda de que a la imaginación, “la loca de la casa”, como la denominaba Santa Teresa, de la que se conmemora su V centenario, conviene mantenerla a raya. Y es que, según un artículo de opinión publicado en el último número de “Trends in Cognitive Sciences”, esa imaginación que lleva a ponerse siempre en lo peor y ver amenazas por todas partes es, precisamente, la base del neuroticismo. Se trata de un rasgo que aumenta la tendencia a pensar y sentir de forma negativa la mayor parte del tiempo, y no una sensibilidad excesiva a las amenazas, como propuso en 1970 el psicólogo británico Jeffrey Gray.

Creatividad
Gray llegó a esa conclusión después de observar cómo los fármacos utilizados para tratar la ansiedad reducen la sensibilidad de los roedores a las señales de castigo y también ayudaban a relajarse a los pacientes psiquiátricos. "La teoría de Gray era útil y lógica, pero no tiene en cuenta todo el espectro del neuroticismo, que es bastante difícil de explicar en términos de percepción de amenaza, porque las personas que puntúan alto en este rasgo a menudo se sienten infelices en situaciones donde hay ninguna amenaza en absoluto", destaca Perkins. "El segundo problema de esa teoría es que hay datos que muestran que las puntuaciones altas en neuroticismo se correlacionan positivamente con la creatividad. ¿Por qué magnificar las amenazas te hacen tan bueno en obtener nuevas ideas?, se pregunta.

La respuesta está en que rumiar los pensamientos también puede tener su lado positivo. Es el caso de Newton, explica el equipo de Perkins. Al parecer, el padre de la física clásica andaba siempre preocupado por alguna razón. Algo parecido a lo que le ocurría otro “ilustre padre”, en este caso de la teoría de la evolución, el naturalista Charles Darwin. Sin embargo, ambos supieron encauzar su tendencia a ponerse en lo peor en provecho de la Ciencia.

Y al parecer, pudieron hacerlo porque la maquinaria cerebral implicada en generar esos pensamientos negativos alimenta también la creatividad. Por lo que argumentan que el neuroticismo, considerado un rasgo peyorativo de personalidad, tiene también sus beneficios. Aunque, eso sí, a un alto precio. Tanto a Newton como Darwin estaban con frecuencia al borde de un ataque de nervios...

Las ventajas de «estar en Babia»
Esos pensamientos negativos que acompañan al neuroticismo se generan cuando nuestra mente vaga libre, mientras soñamos despiertos, aunque sea de forma pesimista. Y la red neuronal por defecto del cerebro, que se pone en marcha precisamente cuando “estamos en babia”, está también implicada en los procesos de memoria cuando imaginamos, algo que al parecer favorece la génesis de nueva ideas. Sostiene el equipo de Perkins que, al generar pensamientos negativos constantemente, las personas que puntúan alto en neuroticismo, como Newton y Darwin, están entrenando la red neuronal por defecto, que también se sirve de esos pensamientos autogenerados (como las rumiaciones) para producir ideas creativas.

“Tengo constantemente presentes los asuntos que me preocupan y espero hasta que las primeras luces se van abriendo paso lentamente hasta obtener una total claridad”. Así describía Newton su método para resolver los problemas científicos que le preocupaban. Claro que como era la misma forma de dar vuelta a sus problemas personales, su metódica maquinaria generadora de ideas, en este caso amenazantes y negativas, le llevó a sufrir una crisis nerviosa en en 1693, cuando tenía 50 años.

Perkins asisitó a una conferencia del psicólogo Jonathan Smallwood, un destacado experto en la base neural de "soñar despierto". Smallwood, de la Universidad de York, explicó que las personas sometidas a resonancia magnética que espontáneamente tienen pensamientos particularmente negativos (un marcador clave de neuroticismo) muestran una mayor actividad en las regiones de la corteza prefrontal medial que se asocian con la percepción consciente de la amenaza. Perkins se dio cuenta entonces de que las diferencias individuales en la actividad de estos circuitos cerebrales que rigen pensamiento autogenerado podría ser una explicación causal para el neuroticismo.

Corteza prefrontal
Perkins y Smallwood se unieron con Dean Mobbs, del laboratorio de la Universidad de Columbia. Dobb estudia el miedo y Ansiedad y es un experto en la base neural de la defensa en los seres humanos. Mobbs había demostrado previamente que hay un interruptor cerebral que convierte la ansiedad en pánico ante estímulos amenazantes (como un viaje en avión). Mobbs también había mostrado que este cambio de la ansiedad al pánico está controlado por por una zona de la amígdala, el centro emocional del cerebro.

"Se me ocurrió quienes tienen propensión a los pensamientos autogenerados con tintes negativos, debido a los altos niveles de actividad espontánea en las partes de la corteza prefrontal medial que rigen la percepción consciente de la amenaza, y que además también tienen una tendencia a pasar de la ansiedad al pánico antes que la mayoría de la gente, debido a una alta reactividad en el núcleo basolateral de la amígdala, pueden experimentar intensas emociones negativas, incluso cuando no hay amenaza presente ", señala Perkins. "Esto podría significar que por razones neuronales específicas, las personas con puntuaciones altas en neuroticismo tienen una imaginación muy activa, que actúa como un generador de amenazas incorporado."

Además de explicar el patrón de rumiación observado en la depresión, la teoría que proponen sirve para explicar también "los aspectos positivos" de neuroticismo. La creatividad de Isaac Newton y otras personas con marcado neuroticismo puede ser simplemente el resultado de su tendencia a detenerse en los problemas mucho más que la mayoría de la gente", como muy gráficamente explicaba Newton.

"Esperamos que nuestra nueva teoría pueda ayudar a las personas a dar sentido a sus experiencias, y que a pesar de quet ener una alta puntuación en neuroticismo es por definición desagradable, también tiene beneficios creativos", resalta Perkins.

Artículo escrito por Pilar Quijada | 27 Agosto 2015 | http://www.abc.es/ciencia/20150827/abci-neuroticismo-creatividad-personalidad-201508271754.html

«Las palabras son poderosísimas. Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida e incluso, nuestra salud y longevidad». Esa es la teoría de Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia, y autores del libro «La Ciencia del lenguaje positivo». En él plantean que el uso de determinadas palabras (o la ausencia de estas) en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. «El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia», asegura. «Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, ¿por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras?», se pregunta Castellanos.

—La mayoría de nuestros deseos están centrados en mejorar nuestras circunstancias, pero estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

—El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas. El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

—¿Cómo podemos cambiar el uso de las palabras?

—Habitando las palabras. Hablar es habitar el mundo. Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos, de su destino. Un buen ejercicio es intentar identificar las palabras que queremos que adquieran importancia en nuestra vida, aquellas que queremos «habitar». Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean.

—¿Por qué es tan importante buscar ese lenguaje positivo?

—Esta científicamente comprobado que el lenguaje positivo busca evolutivamente dirigir nuestra atención y nuestra voluntad hacia el aspecto favorable de las cosas y de la vida. Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos. Nuestras decisiones lingüísticas crean nuestra historia.

—¿Palabras son hechos?

—Palabras son hechos siempre. Tanto si haces lo que has dicho que vas a hacer, como si no lo haces. En el primer caso estarás mostrando un estilo de acción que genera confianza, mientras que en el segundo caso tu estilo de acción generará otro tipo de respuestas. Este es el poder de las palabras.

—También en el sentido negativo. La pareja, los padres, o los hijos son los que suelen soportar los efectos devastadores del lenguaje de la ira. Es lo que José Luis Hidalgo, coautor del libro, ha denominado el «Hulk en casa».

—Esto es así. El enfado desmesurado se propaga con mayor facilidad en los entornos íntimos. Se trata de una cuestión de confianza, y hacemos uso de ello. Las mayores muestras de enojo las solemos cometer en casa, ese terreno que sabemos seguro y donde no hay que fingir. Después del enfado sabes que nadie se irá de casa, que te seguirán queriendo, y que todo quedará en un hecho puntual. Sin embargo, a menudo maltratamos a las personas que nos quieren bien con nuestros gestos indisimulados de fastidio, con nuestro lenguaje descuidado, con palabras hirientes.

—Sabemos entonces que descuidamos los entornos más queridos pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos reconocer y reconducir estas reacciones exageradas ante hechos insignificantes?

—Hay dos momentos clave para nuestro entrenamiento. Uno tiene que ver con «cómo llegamos a casa», y el segundo, con reconstruir o reparar lo que inconscientemente, hemos dañado.

—¿Qué puedes hacer en lo relativo a «cómo llegas a casa»?

—Es importante realizar un pequeño acto, una señal de respeto, frente a la puerta de entrada, que puede consistir en respirar antes de girar completamente la llave. Es un simple gesto con el que asumir que accedemos a otra energía, a un escenario con otro ritmo, y que al cruzar el umbral de la misma nos vamos a incorporar a un nuevo espacio. Físicamente tiene que ver con la pausa, con un momento de silencio que aprovechamos para observar, para ver de verdad a las personas que nos esperan.

—Pero, ¿cómo reparamos los daños una vez que Hulk ha hecho estragos?

—En este caso es importante cuidar nuestro diálogo interior y no culpabilizarnos en exceso. Solemos tratarnos duramente cuando perdermos los papeles, lo pasamos mal precisamente por haber hecho que lo pasan mal los demás, renegamos más de la cuenta y alargamos innecesariamente la reflexión sobre las causas de nuestro comportamiento. Pensamos que así podremos curar las heridas cuando es precisamente lo contrario. Para enfrentarnos a los daños causados por nuestra ira podemos decir: «devuélveme lo que te he dicho, no era para tí».

—Igual que las palabras curan, dicen ustedes en su libro que el silencio es asesino y que se hereda de padres a hijos.

—En efecto. Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella. Es casi imposible mentir cuando se habla enfadado, lo decimos mal, pero decimos lo que pensamos.

—¿Qué hacer con esta variable tan temida de la ira?

—Nosotros hemos identificado una cosa que se puede utilizar para romperlo: el tacto. Con el tacto surge... la palabra. Una cosa lleva a la otra. Lo hemos comprobado muchísimas veces en las formaciones que solemos impartir: a los alumnos les privamos de vista, los dejamos sentados en soledad y se callan. Entonces, les damos la mano de un compañero, da igual de quién sea, y empieza la conversación. Siempre obtenemos el mismo resultado. Sin duda, el tacto es la antesala del lenguaje verbal, de la comunicación fluida y sincera, es el gran desatascador de las relaciones humanas.

Consejos de Castellanos para trazar un plan linguístico en nuestro entorno familiar

1. Incrementemos las palabras que tienen que ver con el sentimiento positivo y hagamos visibles esas palabras de algún modo; una forma creativa consiste en hacer de la cocina un «fortín» de positividad, es allí donde solemos invertir más tiempo, tomar decisiones, compartir una buena charla o desvelar lo que nos preocupa en busca de un buen consejo mientras tomamos un café o preparamos la cena, así que colocar a la vista—en los azulejos o en la nevera—unas simples palabras elegidas hacen que nos sintamos francamente bien.

2. Sorprendamos con algún «detallito», música, algo rico para compartir y, por supuesto, un post-it con algún mensaje especial que se desliza en una cartera, un bolso o un estuche escolar; elijamos las palabras y el momento donde ese mensaje puede ser más eficaz. Atrevámonos, incluso, a dejarlo en algún lugar donde esa persona tarde en encontrarlo, como en el bolsillo de un abrigo, debajo de una almohada o la sorpresa de la luna del coche.

3. Rebajemos el verbo «ser» y sus consecuencias que nos limitan, etiquetan y generan prejuicios; utilicemos mejor el verbo «estar», «parecer» o «comportarse», de forma que un «eres tonto» quede en un «estás tonto».

4. Hagamos asambleas divertidas centrándonos en las fortalezas de cada uno, juguemos a decirnos cómo nos vemos desde lo positivo, precisamente, para construir posteriormente aquello que tenemos que mejorar. Podemos expresarlo mediante palabras, dibujos, cuentos, etc.

5. Cuando preguntemos «¿cómo estás?», procuremos sentarnos, apagar la tele y callar, no sólo exterior, sino interiormente, anulemos los prejuicios, detengamos los argumentos o las interpretaciones que suelen ocupar nuestra mente y busquemos la calma interior.

8. Elaboremos un calendario emocional para expresar nuestros sentimientos, hagámoslo físicamente con cuadros grandes para que cualquiera pueda poner en la casilla correspondiente palabras a lo que les ocurre por dentro, propiciando el conocimiento emocional compartido. Expresar emociones de esta forma nos capacita para convivir con ellas creando ambientes protectores.

9. Incrementemos la cantidad de «síes» y rebajemos la de los «noes», fijémonos más en lo que tienen y no tanto en lo que les falta, anotemos logros, méritos, agradecimientos, hagámosles saber unos y otros de forma directa, sencilla, pública y abundante; equilibremos de una vez las incapacidades con las capacidades, convirtamos los imposibles en improbables, cambiemos la tendencia y empoderemos a las personas que nos acompañan vitalmente. Saldremos realmente favorecidos.

10. Demos más importancia a la voz humana... La tradición oral, escuchar algo de alguien, algo que nos importa de alguien que, incluso, no conocemos. La historia que se cuenta en el reino confortable de la cama convierte a nuestros hijos se vuelven más inteligentes, su inconsciente aprende y retiene nuevas palabras, giros complicados incluso. De todas las historias, las que más captan nuestra atención son las que hablan de nosotros mismos, las que hablan de lo cotidiano, de lo que les sucedió hace ya tiempo a nuestros mayores.

 

Escrito por Carlota Fominaya | Articulo publicado en ABC | 30 mayo 2016 | http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-castigar-silencio-mas-peligroso-palabras-y-hereda-padres-hijos-201605302205_noticia.html

Después de llevar un tiempo realizando cambios en mi vida, he decidido expresar aquí algunas ideas que me han surgido al preguntarme: Estando en total plenitud de mi potencial, ¿cuáles son mis propósitos profundos?

Siempre he pensado que tenemos mucha más capacidad de la que estamos practicando, y me refiero aquí, físicamente, ahora.

Si esto te resuena, o si estás relacionado con la búsqueda interior, el desarrollo personal, las terapias, el cuestionamiento sobre la vida… Me gustaría preguntarte: ¿Qué cambios has realizado en tu vida?, ¿Dónde tienes puesto el norte?.

Esto me lo he preguntado a mí mismo y ahora te lo pregunto a ti: ¿Qué estás tratando de conseguir? Una casa que sea…, un trabajo que…, ganar tal cantidad de dinero…; si lo que buscas conseguir son este tipo de cosas y piensas que tienes mucha más capacidad de lo que se supone, puedes parar u  momento y preguntarte:¿Cuál es mi voluntad en un estado de potencial absoluto? Esto va directo a tus propósitos profundos, aquí puedes ver como pierden valor al lado de esto los tópicos de la vida, lo principal es ir al fondo, desafiándote a ti mismo, el resto lo puedes construir para hacer realidad esto mismo.

Si esto te llega, te animo y te reto a encaminarte a los propósitos más profundos que puedas encontrar  en ti, aquí expongo una serie de prácticas que desarrollan las capacidades internas, probablemente conozcas varias, lo importante es ponerlas en práctica, no todo lo que yo expongo sin decidir, simplemente escogiendo lo que te llame, lo que te guste, lo que te despierte las ganas.

 

1.- TRATA DE RECORDAR: Ideas que tenías de pequeño, convicciones, sensaciones, ilusiones. La autenticidad de lo que sale aquí, está por encima del crédito que puedas recibir en tu entorno.

2.- PREGUNTATELO A TI MISMO: Mejor antes de dormir. Trata de coger y apuntar lo que se te pasa por la cabeza cuando te estés despertando.

3.- ESCRIBE O DIBUJA LO QUE QUIERES: Esto genera cambios, pon atención y escucha para darte cuenta día a día.

4.- VISUALIZA: Imagina tratando de visualizar gráficamente lo que quieres, se pueden obtener resultados espectaculares.

5.- ENTRA EN CONTACTO CON LA NATURALEZA: Ganarás salud, vitalidad, y entrarás más en contacto contigo mismo. Puedes aprovechar para realizar actividad física y tambié  para descansar. A mí me gustan más concretamente las zonas con agua y árboles. Una idea muy buena es meditar en naturaleza para luego tratar de ir a ese estado en otros entornos.

6.- MIRAR EL SOL AL AMANECER: Es una práctica ancestral poderosa. Puedes hacerlo poco a poco, con comodidad, el tiempo que puedas, mantener la mirada y tu expresión tranquilas, también puedes alargarlo mirándolo indirectamente (un poco más abajo) o incluso con los ojos cerrados.

7.- DESPRENDETE DE COSAS: No se trata de hacerse mendigom sino de deshacerse de un montón de cosas inservibles o que a penas usas, lo que hacen es estorbar y al liberarte de ellas, verás que aumenta tu capacidad de centrarte en lo importante.

8.- TRASPASA TUS FRONTERAS DE FORMA REGULAR: Aumenta la confianza y te acerca a tus propósitos superiores, hazlo con el corazón, saca límites personales y crúzalos.

9.- AUMENTA EL CONSUMO DE ELIMENTOS VEGETALES FRESCOS Y PLANTAS MEDICINALES: Tu organismo estará más libre y vital. Consulta libros de plantas, comienza a gestionar tu salud y potenciar tu capacidad, encuentra plantas idóneas contrastando varias fuentes. 

Para terminar: ¿Eres fiel contigo?, ¿Dónde pones tu mente, ¿Qué vas a hacer con tu vida?. ¡¡Animo!!. Realizar lo difícil es más alcanzable de lo que parece.


José Javier Ruíz

Tal Ben-Shahar es profesor de Psicología Positiva en Harvard, la asignatura que cuenta, desde hace años, con más solicitudes de inscripción por parte de los estudiantes de la prestigiosa universidad. En su libro La búsqueda de la felicidad (Alienta), el psicólogo repasa las últimas novedades de su campo de estudio, ofreciendo un completo manual para alcanzar el bienestar.
En su opinión, la búsqueda de la perfección es el principal motivo de nuestra infelicidad. Como él dice: “O aprendemos a fallar o fallamos al aprender”. Y para lograr esto, debemos también prepararnos para superar el sufrimiento, un tema en el que Ben-Shahar se detiene en este extracto del libro.
«El sufrimiento profundo, indecible, bien puede ser llamado bautismo, regeneración, iniciación a una nueva condición».
George Eliot
Mi esperanza, cuando inicié el proceso de conversión al optimalismo, era erradicar el dolor, la tristeza, la ansiedad y el sufrimiento de mi vida. Mi objetivo, evidentemente, venía dictado por mi perfeccionismo. Deseaba ver la luz, encontrarme bien —descubrir un lugar en mi interior en el que siempre estuviera contento independientemente de lo que ocurriera fuera—. No lo encontré. Lo que sí descubrí, sin embargo, fue que el sufrimiento aportaba algunos beneficios y, en consecuencia, reconocí la importancia de aceptarlo.
Si bien la búsqueda del placer y la evasión del dolor forman parte de nuestra naturaleza, la cultura juega un papel fundamental en cómo nos enfrentamos al sufrimiento. Generalmente, en Occidente, rechazamos el sufrimiento. Lo vemos como una interrupción poco grata del viaje hacia la felicidad. Así que lo combatimos, lo reprimimos, lo medicamos o buscamos soluciones rápidas y fáciles para deshacernos de él. En algunas culturas, especialmente en la oriental, el sufrimiento se valora y se reconoce por el importante papel que juega en la vida de las personas, en el serpenteante camino hacia la gloria.
Uno de los beneficios más significativos del sufrimiento se encuentra en que genera un profundo respeto por la realidad
Si bien todavía tengo que convencerme de que se puede alcanzar un estado de gloria o nirvana, lo cierto es que se puede aprender mucho de la forma de ver la vida de los budistas, con su impermanencia e imperfecciones, sus defectos y sus desengaños.
El monje tibetano Khenchen Konchog Gyaltshen Rinpoche enumera cuatro beneficios del sufrimiento: sabiduría, resistencia, compasión y un profundo respeto de la realidad.
La sabiduría emerge de la experiencia del sufrimiento. Cuando las cosas van bien, raramente nos detenemos a cuestionarnos sobre nuestras vidas y nuestras dificultades. Una situación difícil, sin embargo, suele obligarnos a salir de nuestro estado inconsciente, haciéndonos reflexionar sobre nuestras experiencias. Para poder ver en profundidad, para poder desarrollar lo que el rey Salomón llamaba un corazón sabio, tenemos que ser capaces de capear el temporal.
Nietzsche, un hombre muy sabio, concluyó que lo que no nos mata, nos hace más fuertes. El sufrimiento puede hacernos más resistentes, más capaces de superar las dificultades. Del mismo modo que un músculo, para fortalecerse, tiene que sufrir, nuestras emociones, para vigorizarse, también deben soportar cierto grado de sufrimiento. Helen Keller, que tuvo una vida con muchos sufrimientos y también muchas alegrías, dijo: «El carácter no puede desarrollarse cuando hay tranquilidad y todo es fácil. Sólo pasando por la experiencia de la prueba y por el sufrimiento se puede fortalecer el alma, clarificar la visión, inspirar la ambición y alcanzar el éxito».
Aprendiendo a aceptar las limitaciones
Todo el mundo pasa por malos momentos alguna vez, y darnos permiso para sentir esta emoción universal nos conecta con una red de compasión de la que pasamos a formar parte. El diccionario define compasión como «un profundo conocimiento del sufrimiento de otra persona acompañado del deseo de aliviarlo», pero sólo podremos obtener un profundo conocimiento del sufrimiento de los demás si hemos sufrido nosotros mismos. Un conocimiento teórico del sufrimiento tiene tan poco sentido como una descripción teórica del color azul para una persona ciega.

Para conocer, hay que experimentar. Como dice el pastor Fritz Williams: «El sufrimiento y la felicidad nos enseñan, si les dejamos, a dar el paso a la empatía, que nos transporta al alma y al corazón de otra persona. En estos momentos transparentes, descubrimos las alegrías y las penas de la otra persona y nos preocupamos por sus problemas como si fueran nuestros problemas».
Uno de los beneficios más significativos del sufrimiento se encuentra en que genera un profundo respeto por la realidad. Si bien una experiencia feliz nos conecta con el ámbito de posibilidades infinitas, una experiencia dolorosa nos recuerda nuestras limitaciones. Cuando, a pesar de todos nuestros esfuerzos, las cosas no van como esperábamos, hemos de tener la humildad de aceptar las limitaciones que algunas veces no advertimos cuando estamos volando muy alto. Me parece más que simbólico el hecho de que cuando estamos en éxtasis, miramos hacia arriba, hacia el cielo, hacía el infinito, y que cuando estamos pasándolo muy mal, tendemos a mirar hacia abajo, hacia el suelo, hacia lo finito.
Rabbi Bunim de Pshischa afirma que todos deberíamos llevar dos papelitos en el bolsillo: uno de ellos con la frase del Talmud «El mundo fue creado por causa de mí», y el otro con las palabras del Génesis «No soy más que polvo y ceniza». Una buena salud mental está comprendida entre ambos mensajes, entre la humildad y la arrogancia. Del mismo modo que la síntesis entre la humildad y la arrogancia favorece la salud mental, la combinación de éxtasis y agonía establece una relación saludable con la realidad.
El éxtasis me hace sentir invencible; me produce la sensación de que soy el dueño de mi destino, de que creo mi propia realidad. Sin embargo, la agonía me rinde vulnerable y pequeño; me hace creer que dependo de mis circunstancias y tengo poco control sobre mi realidad. El éxtasis sólo genera una arrogancia desprendida; el sufrimiento sólo engendra resignación. Las dificultades de la vida nos acercan al medio dorado de Aristóteles.

Resumen de la conferencia de Tal Ben-Shahar durante el primer Foro Internacional de Ciencias de la Felicidad
Huye del sufrimiento; pero si llega, acéptalo
Respetar profundamente la realidad implica aceptar las cosas tal como son —nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestra humanidad—. Si reconocemos que el sufrimiento es esencial en nuestra vida y que también aporta algunos beneficios, como el cultivo de la sabiduría y la compasión, lo admitiremos más fácilmente. Y si somos capaces de aceptar la pena y el dolor como sentimientos inevitables, sufriremos menos.
Nathaniel Branden define la autoestima —para la que es fundamental la aceptación de uno mismo— como el sistema inmune del conocimiento. Contar con un sistema inmune fuerte no significa no estar nunca enfermo, sino enfermar menos y en el caso de que así ocurriera, recuperarse más rápidamente. De forma parecida, es poco probable que el sufrimiento desaparezca completamente; sin embargo, a medida que el sistema inmune de nuestro conocimiento se va reforzando, sufrimos menos y cuando lo hacemos, la recuperación es más rápida.
En nuestras vidas, buscamos de forma natural el placer y tratamos de minimizar el dolor que soportamos
El hecho de que el sufrimiento tenga beneficios no significa que debamos buscarlo activamente —del mismo modo que no buscamos oportunidades de enfermar simplemente porque la enfermedad refuerce el sistema inmune—. En nuestras vidas, buscamos de forma natural el placer y tratamos de minimizar el dolor que soportamos. El mundo imperfecto e impermanente ofrece una gran cantidad de oportunidades, sin necesidad de buscarlas activamente, de fortalecer nuestro sistema inmune.
La primera de las cuatro nobles verdades de Buda es la verdad del sufrimiento, una verdad que se puede rechazar o aceptar como una parte inevitable de nuestra condición de humanos. Y cuando se aprende a aceptar, incluso a abrazar, las experiencias difíciles, el sufrimiento se con-vierte en una herramienta, en un instrumento para crecer.

Artículo publicado en http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-09/cual-es-el-papel-del-sufrimiento-en-nuestra-vidas-y-como-aprender-a-afrontarlo_946463/ |  9 Agosto 2015 

Tienes un proyecto entre manos que te tiene muy ilusionado. Incluso te cuesta conciliar el sueño. Tienes unas ganas locas de compartir con otra persona tu planes. Al final acabas contándoselo a tu madre y a tus amigos. De hecho, casi cada día les hablas de ello.

Mal. Sin tú saberlo cada vez que le cuentas a alguien tus planes te estás alejando de tu meta.

¿Cómo puede ser? ¿No debería ser bueno contarles a otros sobre nuestros proyectos? Así nos pueden apoyar o aconsejar, ¿no?

NO. Evita siempre que puedas contar a otros los proyectos que tienes en mente llevar a cabo o no se harán realidad.

Estudios demuestran que aquellas personas que hacen públicas sus intenciones es menos probable que terminen por llevarlas a cabo. Por contra, quienes no hablan de sus planes tienen más probabilidades de llevarlos a buen término.

La Explicación
Si hablas de tus proyectos o planes con otras personas creas en tu cerebro la ilusión de que ya lo has llevado a cabo. Eso te produce una satisfacción, suficiente para perder motivación en lo que planeabas hacer.

Como dijo Derek Sivers, de quien descubrí esta teoría en que se basa el artículo: “El cerebro confunde el decir con el hacer”.

 

¿Qué sucede cuando nos sentimos satisfechos? Que ya no queremos más. Por lo tanto, no seguimos buscando eso que se supone que nos tendría que reportar la satisfacción, es decir, la terminación del proyecto.

Tiene sentido, ¿verdad? ¿Cómo te sentiste la última vez que hablaste con alguien de un proyecto en el que estabas trabajando? Te sentiste bien estoy seguro. Una sensación de realización personal recorrió tu cuerpo.

Cuando eso ocurre mentalmente estás sustituyendo el auténtico logro (acabar tu proyecto) por una simulación del logro (“realidad social” de algo que no ha ocurrido).

La realidad social en este caso se produce cuando uno dice algo y otros lo escuchan. Ese algo es percibido como real (realidad social) sea real o no lo sea.

Por lo tanto, no es tanto el decir tus planes en voz alta sino el hecho de que sepas que otra persona conoce tus planes. Es esa realidad social lo que te hace sentir de forma prematura una sensación de satisfacción por algo que todavía no se ha llevado a cabo.

Por la misma razón, en otro estudio se ha descubierto que si tienes éxito en un objetivo (comer comida sana) al servicio del cumplimiento de una meta mayor (estar en buena forma) eres más propenso a reducir tus esfuerzos en otros objetivos (por ejemplo hacer ejercicio o dejar de fumar) conducentes a esa misma meta. ¡Interesante!

Bien veamos ahora . . .

La Solución
La solución es muy simple aunque no siempre es fácil. Como ya debes suponer se trata de no contar tus planes o proyectos hasta que estos sean una realidad.

En otras palabras: haz más, habla menos.

 

Ahora bien, si eres como yo difícilmente te podrás contener siempre. Simplemente llega un momento que explotas y lo sueltas todo.

Ahora sabes que hablar de tus planes tiene un efecto contraproducente en tu motivación. Por lo tanto, cada vez que tengas ganas de hablar de tus proyectos piénsatelo dos veces.

¿Quiere esto decir que no podré contar nunca más mis planes? No, ni mucho menos.

Cómo Contar las Cosas
De hecho contar tus planes puede llegar a ser positivo siempre y cuando lo hagas en una de las dos maneras que te propongo a continuación.

1. Retrasando la Satisfacción. Contarlo a Medias

Le cuentas a otra persona que estás trabajando en algo, pero lo haces de una forma tan vaga que esta otra persona no sabe en realidad qué estás haciendo o qué planeas hacer.

De hecho, se lo has contado únicamente para pedirle que se interese por tus avances de forma periódica en el tiempo y así tú te obligues a avanzar en el proyecto. Eres persona de palabra. No quieres quedar mal delante de él o ella.

Le dices que cuando lo termines se lo cuentas con más detalle. Eso aumentará tu motivación por terminar pues cada día que pase tendrás más ganas de contárselo.

La vaguedad en tu relato es importante. Si concretas demasiado estarás creando un símbolo de identidad y eso es algo que queremos evitar. El símbolo de identidad es precisamente lo que reporta esa satisfacción.

Por ejemplo, si le dices que estás escribiendo un libro sobre determinado tema estás creando un símbolo de identidad de que eres escritor y que eres experto en ese tema sobre el que escribes. Es un símbolo de identidad ilusorio, pues aún no has terminado el libro (puede que ni lo hayas empezado aún), y tú mentalmente ya te estás viendo como un escritor experto en ese tema con el libro terminado. Esa satisfacción te desmotivaría de conseguir el verdadero logro, que no es otro que terminar el libro.

El contárselo como excusa para que la otra persona controle tus avances te ayuda a mantenerte fiel a tu palabra de progresar y de no dormirte en los laureles. No hablas por hablar. Hablas con un objetivo claro: progresar hasta la terminación del proyecto.

2. Cuéntalo para Sentir Insatisfacción

En vez de contar tus planes para sentir satisfacción cuéntalos para sentir lo contrario: insatisfacción, desagrado, deuda o incumplimiento.

Me explico. El problema de hablar con otros de tus proyectos es que sientas una satisfacción por el simple hecho de hablar. Esa satisfacción te quita motivación para conseguir ese objetivo que persigues: la terminación del proyecto.

¿Cómo lo solucionamos? Hablamos pero lo contamos de una forma que genere en nosotros alguno de esos sentimientos contrarios a la satisfacción.

Por ejemplo: “Estoy yendo al gimnasio. Estoy determinado a ponerme en forma. Te invito a cenar si en un mes no he perdido por lo menos 6 kilos”. Generas sentimiento de deuda.

Otro ejemplo: “Quiero acabar este libro del que te he hablado. No estoy avanzando como yo esperaba. A partir de hoy he de hacer por lo menos 5 páginas al día. Recuérdamelo la próxima vez que hablemos del tema”. Generas sentimiento de incumplimiento y de deber.

Bueno ya ves como va esto.

Mi recomendación. Si puedes evitarlo no hables de tus proyectos con los demás y mucho menos si lo haces por la pura satisfacción de contarlo. O al menos, sé consciente de cuando lo haces y trata de hacerlo cuantas menos veces mejor.

Artículo escrito por David Cantone y publicado en http://davidcantone.com/hablar-metas/

Si es la primera vez que le preguntan si es resiliente, felicidades, porque es probable que nunca haya tenido que afrontar una gran adversidad, ni que haya hecho terapia, ni que haya leído desesperadamente volúmenes de poesía buscando consuelo, o ensayos sobre lo terrible que hay en el ser humano o incluso libros de autoayuda. Quizá le suene la palabra, tal vez haya escuchado decirla a alguien en la televisión, o en un anuncio. Tal vez no se haya atrevido a decir que no sabe qué significa.

La resiliencia tiene algo de superpoder, de escudo donde el mal rebota. No es indiferencia, tampoco dejadez, sino un conjunto de capacidades y habilidades que permiten que, cuando la adversidad se instala, uno sepa sobrellevarla e incluso, superándola, convertirse en alguien más fuerte todavía. El término alude precisamente al salto, resilio, en latín significa "volver atrás, resaltar, rebotar", según se lee en la investigación Mecanismos neurobiológicos de la resiliencia, elaborado por el Instituto Científico Gador, de Argentina, donde se desarrollan proyectos clínicos que mejoran el día a día de aquellos a quienes la vida se ha llevado su bienestar por delante.Prosigue el informe: "Las ciencias sociales usaron el concepto de resiliencia para caracterizar a personas que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo se desarrollan psicológicamente sanas y exitosas. Posteriormente, la resiliencia fue definida como la habilidad para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva. En la literatura contemporánea se denomina resiliencia a la habilidad individual para prosperar ante el desafío de una experiencia estresante y/o traumática". En conversación con EL MUNDO, la autora de esta investigación, Luciana D'Alessio, apunta que "el grado de resiliencia de cada persona cambia constantemente, se adapta a las vivencias cotidianas y se pone a prueba en los sucesos extraordinarios". El psicólogo Antonio Cano, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) recuerda que su disciplina hace apenas "30 años que estudia la resiliencia". Sin embargo, el concepto comienza a ser tendencia, un auge que Cano relaciona con "el aumento de la psicología positiva. Antes la Psicología incidía más en los síntomas de vulnerabilidad, ahora se hace hincapié en los conceptos positivos", señala. También confirma que se extiende la moda de ser resiliente. Y José Carrión, psicólogo del gabinete madrileño Cinteco, también sostiene que "está de moda hablar con frases de autoayuda". El diccionario de la Real Academia de la Lengua acogió el término en 2010, aunque lo estudiaba desde 2003. Elena Zamora, directora técnica del diccionario, cuenta que "la Academia recibió varias propuestas de particulares solicitando la inclusión de la palabra". La utiliza también la firma de cosméticos Estée Lauder para dar nombre a una línea de cremas (Resilience Lift Extreme) y para protagonizar una "acción digital": "El objetivo era contar una historia sobre mujeres cuya actitud en la vida les había hecho seguir sus pasiones y conseguir retos, a pesar de los contratiempos que encontraron en el camino. Reunimos a siete mujeres que se han hecho un hueco o son un referente en diferentes sectores, para poner en valor su actitud resiliente. Cada una de ellas representaba una cualidad: positiva, receptiva, soñadora, con sentido del humor, con claridad mental, con capacidad de influir en los demás, con autoestima", explican desde la firma.También empleó el término la actriz Rossy de Palma cuando se lanzó a la dirección teatral y montó el espectáculo Resilienza d' amore, producido en Italia. Tanto la mente pensante de la acción digital de Estée Lauder, la neurocoach y trainer Adelina Ruano, como la propia Rossy, nombran al neurólogo, psiquiatra y psicoanalista francés Boris Cyrulnik cuando se les pregunta por qué se interesan por la resiliencia. Sin embargo, la primera ciencia que empleó el concepto fue la Física, señala Ruano: "Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido".De Palma incide en la importancia de la palabra, o de la verbalización, y se acerca así al análisis que la Psicología hace de la resiliencia: escribir puede ayudar a ser resiliente, narrar la propia historia puede ayudar a superarla. "Conocí la palabra leyendo a Cyrulnik, él que se basó en su propia experiencia. Las palabras, bien usadas, son como llaves mágicas que desbloquean cualquier cerradura y ya sólo conociendo y profundizando en el significado de esta palabra se sienten sus efectos". Por todo ello, EL MUNDO ha querido dar voz a tres mujeres resilientes.. Ninguna es escritora pero las tres han plasmado en una novela sus experiencias vitales. Sintieron la necesidad de hacerlo y, después, se encontraron más fuertes. Lo consiguieron gracias a la plataforma de de autopublicación de Penguin Random House Grupo Editorial: megustaescribirlibros.com.Expresar los sentimientos, continúa Carrión, a través de la palabra escrita, "es un sistema que se plantea en las terapias", en tanto que "es un proceso complejo a nivel cerebral", exige un esfuerzo "motórico y de reflexión y esa latencia hace que lo que se escribe sea de calidad neuronal". "De cara a la resiliencia, es importante que la persona gestione cuanto antes el hecho, porque esto da más posibilidades de adaptarse a él, porque si se encapsula es más difícil abordarlo".La clave, ya se ve, está en el cerebro. Explica D'Alessio desde el norte de Argentina que "el concepto de neuroplasticidad es importante para entender los mecanismos neurobiológicos involucrados en la resiliencia". "Es la capacidad del tejido cerebral de modificarse permanentemente en estructura y función de acuerdo a los requerimientos del medio. La neuroplasticidad sienta las bases neurobiológicas de los mecanismos involucrados en la resiliencia celular y sistémica y también de la vulnerabilidad. La respuesta resiliente en un organismo biológico es compleja y la determinan factores genéticos y epigenéticos", amplía.Ambos factores, los que de fábrica y los que nos aporta el entorno o el ambiente, "interaccionan entre sí permanentemente". Por ejemplo, "un estudio de Levine y Denenberg en la década de los 70 demostró cómo los cuidados maternos postnatales disminuían significativamente la magnitud de las respuestas al estrés potencialmente dañinas en la edad adulta, demostrando la importancia de las experiencias tempranas en el desarrollo de un fenotipo resiliente".¿Puede la resiliencia aprenderse? D'Alessio, cuyo trabajo tiene como objetivo desarrollar "psicofarmacos para pacientes con patologías ligadas al estrés", cree que "un abordaje o entrenamiento que permita modificar cómo un sujeto percibe el estrés es una manera de aumentar la resiliencia". Carrión también lo cree - "sin ninguna duda, gran parte de la resiliencia tiene que ver con situaciones aprendidas y todo es muy trabajable"-. El psicólogo Antonio Cano, especialista en estrés, recuerda que una característica puede ser resiliente o no serlo, depende de la persona.

Artículo escrito por Rebeca Yanke.

Publicado en El Mundo  http://www.elmundo.es/sociedad/2016/04/30/571a520de5fdeaea6e8b45c7.html |  30 abril 2016

Los devotos del mindfulness o atención plena, a menudo descrita como atención libre de juicios a las experiencias del momento presente, están bien versados en los múltiples beneficios de su práctica. Entre estos beneficios se encuentran los siguientes:

  • Atención más centrada
  • Relajación
  • Cambios positivos en el estado de ánimo
  • Mayor auto-consciencia
  • Mejora de la salud y el bienestar

Beneficios para la salud derivados de la práctica de mindfulness
Hasta la fecha, las pruebas científicas más sólidas en relación con los beneficios positivos de la meditación para la salud proceden de dos metanálisis (análisis de datos recabados de múltiples estudios) de la investigación en materia de meditación. El primer metanálisis de 47 ensayos con 3.515 participantes reveló que aquellos que participaron en programas de mindfulness experimentaban menos ansiedad, depresión o dolor.

En el segundo metanálisis de 163 estudios se hallaron evidencias de que la práctica de la meditación está asociada a una reducción de las emociones negativas y neurosis, y el efecto de la meditación fue comparable al de los tratamientos comportamentales y la psicoterapia.

Debido a la creciente popularidad del mindfulness, así como a la aparición de pruebas cada vez más sólidas que apuntan a que la meditación ejerce una amplia variedad de efectos sobre la salud susceptibles de ser medidos, la neurociencia está interesándose por los mecanismos biológicos que subyacen a estos efectos en el cerebro.

Existen pruebas de que el mindfulness tiene efectos sobre el cerebro
El año pasado se publicó una amplia revisión en la publicación Nature Reviews Neuroscience. La revisión, titulada “The Neuroscience of Mindfulness Meditation,” (La Neurociencia detrás del mindfulness), exploró el estado actual de la investigación neurocientífica del mindfulness. Entre los autores se encuentran Yi-Yuan Tang, investigador de la medicina cuerpo-mente del Departamento de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Texas, quien también practica medicina tradicional china; Britta Holzel, especialista en neurociencia e instructora de yoga del Departamento de Neurorradiología de la Universidad Técnica de Múnich; y Michael Posner, psicólogo de la Universidad de Oregón.

“A pesar de que la investigación de la meditación está aún dando sus primeros pasos, existen ciertos estudios en los que se han investigado los cambios en la activación cerebral en condiciones de reposo y durante tareas específicas asociadas con la práctica del mindfulness”, afirman los autores. “Hay cada vez más pruebas de que el mindfulness podría causar cambios neuroplásticos en la estructura y la función de las áreas cerebrales responsables de la regulación de la atención, la emoción y la conciencia de uno mismo.”

El mindfulness cambia la estructura del cerebro
Durante la última década, múltiples estudios de neuroimagen han investigado los cambios en la morfología cerebral relacionados con la práctica del mindfulness. En un intento por consolidar los hallazgos, un metanálisis reunió datos procedentes de 21 estudios de neuroimagen en los que se examinaban los cerebros de aproximadamente 300 meditadores experimentados. El estudio reveló que ocho áreas cerebrales se activaban de forma congruente en los meditadores experimentados. Estas son las ocho áreas implicadas:

  • Corteza prefrontal rostrolateral: una región asociada a la meta-consciencia (la conciencia de cómo pensamos), la introspección y el procesamiento de información compleja y abstracta.
  • Cortezas sensoriales y corteza insular: principales centros corticales para el procesamiento de información táctil como el tacto, el dolor, la propiocepción consciente y la conciencia corporal.
  • Hipocampo: dos estructuras subcorticales implicadas en la formación de la memoria y la construcción de respuestas emocionales.
  • Corteza cingulada anterior y corteza cingulada media: regiones corticales que participan en la autorregulación, la regulación emocional, la atención y el autocontrol.
  • Fascículo longitudinal superior y cuerpo calloso: estructuras subcorticales de sustancia blanca que comunican los hemisferios cerebrales.

Aunque las formas específicas en que las diferentes áreas cerebrales mostraban cambios variaban de estudio en estudio (ciertos estudios emplearon diferentes parámetros de neuroimagen), se observaron cambios en la densidad del tejido cerebral, el grosor del tejido cerebral (lo que indica un mayor número de neuronas, glía o fibras en un área en concreto), el áreas de superficie cortical y la densidad de las fibras de la sustancia blanca.

El impacto de la meditación sobre estas estructuras cerebrales parecía presentar una magnitud “media”, lo que significa que la magnitud del efecto observado es comparable a los efectos “medios” de muchas otras intervenciones comportamentales, educativas y psicológicas.

Dado que hay tantas regiones que se activan durante la práctica del mindfulness, como la corteza cerebral, la sustancia blanca y gris subcortical, el tronco encefálico y el cerebelo, Tang, Holzel y Posner sugirieron en su revisión que los efectos de la meditación podrían movilizar la activación de redes cerebrales a gran escala, así como de múltiples aspectos de la función cerebral.

El mindfulness modifica los patrones de la actividad cerebral
Los estudios de neuroimagen del cerebro no solamente pueden revelar cambios en la estructura cerebral, sino también en los patrones de la activación cerebral. En su revisión, Tang, Holzel y Posner también exploraron la hipótesis de si el mindfulness ejerce sus efectos a través de una activación alterada de las áreas cerebrales que participan en la regulación emocional, la atención y la conciencia de uno mismo.

Una de las hipótesis que se barajan en relación con la regulación de las emociones es que el mindfulness fortalece los procesos cognitivos (pensamiento) prefrontales superiores, lo que a su vez modula la actividad de otras áreas cerebrales importantes para el procesamiento de las emociones, como la amígdala. Una serie de estudio de neuroimagen cerebral respaldan esta hipótesis.

La filosofía budista enseña que la identificación con el concepto estático del “yo” causa estrés psicológico. Los estudios realizados con practicantes de mindfulness han demostrado que tal práctica está asociada a una representación de uno mismo más positiva, una mayor autoestima y una mayor aceptación de uno mismo. Estos conceptos no son fáciles de integrar en un estudio neurocientífico.

No obstante, múltiples estudios muestran que la región insular se activa intensamente durante la meditación. Se cree que esta alteración representa una conciencia aumentada de la experiencia del momento presente. “Este cambio en la auto-consciencia es uno de los principales efectos beneficiosos de la práctica del mindfulness”, afirman Tang, Holzel y Posner.

El futuro de la investigación del mindfulness
A pesar del entusiasmo derivado de la notificación de hallazgos positivos en relación con los efectos de la meditación, hay que destacar que la investigación en materia de mindfulness es un ámbito joven, y aún quedan muchos estudios por replicar.

Sin embargo, Tang, Holzel y Posner llegaron a la conclusión de que “… la práctica del mindfulness puede constituir un abordaje prometedor para el tratamiento de trastornos clínicos y podría facilitar el cultivo de una mente sana y un mayor bienestar”.


Fuente: artículo de la neurocientífica Sarah McKay para Chopra Center
Traducción: Mindfulness Exercises

Artículo extraido de http://es.mindfulness-exercises.net/2016/04/26/la-neurociencia-detras-del-mindfulness-o-atencion-plena-investigacion-cientifica-y-beneficios/ | 26 abril 2016

"Las personas solemos tener una cierta idea de cómo determinados eventos podrían afectar a nuestras vidas emocionales a largo plazo. Esperamos que sucesos como perder un hijo, ser despedido del trabajo, recibir un premio por nuestra contribución científica, sufrir una ruptura matrimonial,… por su importancia, dejen en nosotros una huella emocional significativa que nos acompañará durante un tiempo prolongado. Estas expectativas son importantes, porque nuestras acciones están basadas en las consecuencias emocionales de los sucesos futuros.

No obstante, aunque podamos predecir con cierta exactitud la intensidad de las emociones futuras que puede provocarnos un evento, eso no quiere decir que seamos capaces de estimar la duración de esos sentimientos. Y a menudo es la predicción de esa duración lo que determina nuestras decisiones.

De hecho, el psicólogo Daniel Gilbert descubrió hace unos años que nuestras predicciones sobre cómo nos vamos a sentir en un futuro, y sobre la duración de nuestras emociones, suelen ser erróneas. Según Gilbert, este fallo en la predicción tiene que ver con no ser conscientes de un conjunto de mecanismos psicológicos de defensa ante las adversidades, que bautizó como “sistema inmune psicológico”.

Gilbert es un reconocido experto en el estudio científico de la felicidad, y ese tipo de estudio está recibiendo una atención renovada, en parte gracias al estupendo libro de Daniel Kahneman Pensar rápido, pensar despacio. Aunque los estudios de Gilbert tienen ya más de una década, y han sido objeto de extensos comentarios, vale la pena que les dediquemos nuestra atención en este blog. La cuestión del sistema inmune psicológico fue explorada por Gilbert y sus colaboradores en el artículo Immune Neglect: a source of durability bias in affective forecasting, aunque también se menciona en otro estudio famoso, Miswanting: some problems in the forecasting of affective states.

Según Gilbert, la intuición de sentido común es que los eventos más impactantes deben tener unas consecuencias emocionales duraderas. Pero lo cierto es que éste no suele ser el caso: diversos estudios mostraron en su momento que los niveles de felicidad suelen volver a un estado basal pasado un tiempo relativamente corto. Y, lo que es más, experiencias extremas como perder a un hijo en un accidente parecen tener un impacto menor en la felicidad a largo plazo de lo que un esperaría.

Así pues, las personas solemos sobrestimar la duración de las respuestas afectivas a eventos futuros, dándose así un sesgo de duración. Aunque Gilbert y sus colaboradores propusieron 6 causas que explicarían estos errores de estimación, centraron su atención en un fenómeno muy particular: la ignorancia de los efectos de nuestro sistema inmune psicológico (lo que denominaron inmune neglect”).

Pero, ¿qué es ese sistema inmune? El sistema inmune psicológico es un conjunto de mecanismos por los que nuestras mentes tienden a ignorar, reconstruir y transformar información que puede acarrear efectos negativos para nuestro bienestar. De hecho, son la base de esos fenómenos tan comunes por los que preferimos ver el lado bueno de las cosas, celebrar los triunfos y racionalizar los fracasos,… En definitiva, todas esas creencias que nos hacen estar a gusto con nosotros mismos a pesar de la evidencia que apunta en sentido contrario.

Diferentes autores han hecho aportaciones valiosas sobre el estudio de un buen número de esos mecanismos: la racionalización, la reducción de disonancia, el razonamiento motivado, el autoengaño, las justificaciones,….

La característica principal de sistema inmune psicológico es que trabaja mejor cuando sus operaciones no son sometidas a un examen crítico consciente, de manera que cuando racionalizamos un hecho no seamos del todo conscientes de que lo estamos haciendo. Esto implica que las personas no solemos ser conscientes del la influencia que nuestro sistema inmune psicológico tiene en nuestro bienestar emocional. Y esta tendencia puede ser la fuente del sesgo de duración.

El sistema inmune psicológico supone que poseemos, como dice Gilbert, un “talento oculto para la felicidad”. O dicho en otras palabras: que somos más resistentes ante los fenómenos emocionales extremos de lo que creemos. Y es por esto por lo que el fenómeno del inmune neglect es especialmente perverso: ignorar nuestra resistencia emocional puede tener consecuencias negativas para nuestra felicidad.

Así, podemos tender a evitar ciertas acciones bajo la suposición de que pueden tener unas consecuencias emocionales negativas duraderas, cuando de hecho puede que su duración sea más que limitada, pagando un alto precio por ello:

We may spend little time with our children and neglect our hobbies while putting in long hours at the office because we are convinced that keeping our current job will be better than being forced to find a new one.

No somos conscientes de que mientras que algo que queremos experimentar sea en ciertos aspectos mejor que algo que queremos evitar activamente, también puede ser cierto que sea peor en otros aspectos. Y si fracasamos al intentar obtener algo que queremos, nuestro sistema inmune psicológico puede ayudarnos rápidamente a identificar las maneras en que lo que tenemos es mejor que aquello que deseábamos."

Artículo extraido de https://eveliomartinez.wordpress.com/2014/03/01/nuestro-sistema-inmune-psicologico/ | 1 Marzo 2014

Reconectar con nuestra sabiduria ancestral en contacto y comunicación directa con la tierra, con la naturaleza, con el ser humano. En este sentido, os ofrecemos la lectura de esta bella oración esenia para dar las gracias y demostrar el amor a la tierra. Dar las gracias es un acto de amor que nos libera, nos ayuda a aceptar y nos conecta con nuestra esencia.

Antiguo Ejercicio Esenio de Purificación y Salud

Párate en medio de la naturaleza viviente, entre el cielo y la tierra.

Siente la tierra bajo tus pies; siente como la tierra te carga y te sostiene.

Siente el cielo infinito sobre ti; te inspira, te mejora, te eleva.

En el cielo, piensa en el origen de tu espíritu y de tu inteligencia.

En el cielo, piensa en el origen de tu alma eterna, de la más elevada conciencia universal.

En la tierra, piensa en el origen de tu alma terrestre, en tu conciencia individual.

Siéntete como una unión viviente entre las fuerzas del cielo y de la tierra, del infinito y de lo que está en desarrollo.

Arrodíllate en la tierra, y con tu mano derecha cava un pequeño hoyo en la tierra.

Coloca las dos manos juntas sobre tu pecho (el corazón místico), en señal de oración y de unión interna con el cielo y la tierra dentro de ti.

En esta postura sagrada, permite que una hermosa luz, la fuerza, la presencia del cielo, fluya a través de ti: el omnipresente Padre de todos los seres vivientes. Imagina una luz diamantina, transparente como el agua pura.

Inclínate con amor sobre la Madre Tierra, y coloca tus manos alrededor del pequeño hoyo. Inclínate sobre la tierra y coloca tu boca entre tus manos.

Ofrécele con tus palabras a la tierra el agradecimiento del cielo a la Madre Tierra; ofrécele también el agradecimiento de tu corazón y, a través de ello, del corazón de la humanidad.

Orando

Pronuncia las palabras:

"Madre Tierra, yo te ofrezco mi agradecimiento con todo mi corazón, y a través de él del corazón de todos los hombres y las mujeres. Que todos los seres que llevas en tu seno protejan, nutran y bendigan todo lo que crece.”

Acuéstate después sobre la tierra y abandónate sobre ella. Que tu cuerpo y tu alma nacidos de ella sean uno con la Madre Tierra y su oculto esplendor.

Piensa y di:

”Madre Tierra, elimina todas mis enfermedades y mis faltas según tu voluntad, para que pueda recibir la bendición del espíritu divino y trasmitirla a todos los seres vivientes, según tu voluntad”.

Mantente en comunión, en silencio, mientras dejas que la tierra te purifique completamente.

Ponte nuevamente de rodillas y coloca tus manos frente a la rosa solar del corazón.

Piensa en tu espíritu, siente tu alma, y di con tu fuerza vital:

”Con amor y gratitud,

Te ofrezco mi amoroso agradecimiento lleno de luz.

A la Madre Tierra, gracias;

A agua de la vida, gracias;

A precioso aire, gracias;

A fuego sagrado, gracias;

A los minerales, gracias;

A las plantas, gracias;

A los animales, gracias;

A la humanidad que camina por el sendero de la evolución, gracias;

A todos los ángeles, gracias;

A la inteligencia cósmica que creó mi pensamiento, gracias;

Al océano de amor que creó mi sensibilidad, gracias;

A la vida universal que impregnó mi futuro con la semilla de la individualidad, gracias;

A todos los seres del mundo, doy las gracias en Él, la única Fuente que unifica a todos los seres en su origen y propósito”.

Cruza los brazos sobre tu pecho, inclina ligeramente tu cabeza, y pronuncia la palabra de cierre: “Amen”.

Entonces, rellena de nuevo el agujero que cavaste para hablar con la Madre del mundo.

 

Feliz día.

Y yo he alucinado con este mapa emocional, no solo por su contenido, que me parece de una calidad y sencillez brillantes, también por su diseño de indudable belleza. El origen de la creación de este atlas se produce por unos encuentros a lo largo de varios años entre el psicólogo experto en emociones y expresión facial, Paul Ekman, y el maestro budista, Dalai Lama, en dichas reuniones ambos comparten su sabiduría y su forma de entender la conducta humana, llegando a la conclusión de que es fundamental para todo ser humano la auto-observación y conocimiento de nuestros estados emocionales para poder aprender a gestionar las consecuencias de lo que nos perturba en el día a día.

Fue El Dalai Lama quién le pidió a Ekman crear un mapa emocional, algo esquemático y asequible, que permitiera a todo el mundo tener experiencias emocionales más constructivas. “Cuando queríamos llegar al nuevo mundo, necesitamos un mapa para llegar allí. Si queremos llegar a un estado de calma mental lo que necesitamos es un mapa de la emoción.” dijo el maestro. Explorando este atlas aumentamos la comprensión de lo que son las emociones y sus efectos sobre nosotros, su objetivo es ayudar a la gente a tomar conciencia del impulso, para pensar antes de actuar, y si es así, cómo hacerlo.

¿Y dónde encontramos ese Atlas de las emociones? La páginaweb está en inglés (atlas of emotions) pero si activamos el traductor del navegador automático se entiende todo a la perfección. Para elaborarlo Paul Ekman realizó una encuesta entre 140 científicos, que provenían de ámbitos como la psicología o la neurología, para llegar a un consenso del funcionamiento del proceso emocional. En la página de inicio nos encontramos ‘los cincos continentes de la emoción‘, ya que llegaron a la conclusión de que había cinco grandes categorías de emociones: ira, miedo, asco, tristeza y disfrute, y que cada una tenía un subconjunto de estados emocionales, disparadores, acciones y estados de ánimo propios, que también podemos descubrir pinchando en cada uno de los continentes emocionales.

Espero vuestros comentarios para ver qué os ha parecido, ¡para mí ha sido un verdadero descubrimiento! Todo lo que sea la divulgación científica a través de un formato sencillo será bienvenido y creo que lo han conseguido.

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